“La caída del Nombre del Padre trae consigo la aparición del superyó en su modalidad de goce, el que posiciona al sujeto como objeto para hacer existir al Otro. En ambos casos, se trata ahora de hacer consistir a un Otro que responda con el goce. Si la modernidad erigió la ilusión de un deseo articulado a través de un Otro universal, la posmodernidad se caracteriza por la desorientación del deseo como efecto de su subordinación a la voluntad de goce.”