“Los efectos de este fenómeno cultural propio de la globalidad, añade la filósofa italiana, son que «El ordenador se convierte así en espectáculo, y el espectador participa en ello activamente por medio de «prótesis»: teclado, ratón, palancas, guantes y otros sensores. A partir de ahí, los internautas se acostumbran a aceptar la violencia como una manera de vivir y algunos ya no experimentan ninguna repugnancia o repulsión al verla… Entonces es… cuando la compasión humana se entumece».”

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