Si los periodistas pretendemos que no se nos trate como a presas de caza, seamos congruentes, no aceptemos que a nuestros semejantes se les trate así, en la realidad o siquiera en el discurso ?las palabras nunca son inocuas?. Ciñámonos a esta consigna de Stéphane Hessel: «Si se encuentran con alguien que no se beneficia de los derechos, compadézcanlo y ayúdenlo a conquistarlos» [¡Indígnate!, Destino, 2011]. Esto nos haría ganar al menos un poco de empatía y respeto de nuestros ciudadanos, y de ese modo estar algo más seguros.

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