“La cultura ciudadana nos exige remontar nuestra faceta más animal. En un Estado democrático de derecho no es la percepción sino un tribunal, al cabo de un procedimiento penal, el que define la inocencia o culpabilidad de un ciudadano. El problema es que esto, pareciendo tan sencillo, en sociedades de precaria cultura es casi imposible de interiorizar; a lo más que llegamos muchas veces es a valoraciones morales o estéticas.”