“Decía que en el sistema inquisitorio imperante en México, los medios y los periodistas, articulados a él, pisoteamos los derechos de los imputados al mismo tiempo que invisibilizamos a las víctimas, enfocándonos en reproducir la versión que de ellos nos dan policía y ministerio público.
Además, que cuando aparecen las víctimas en el espacio mediático, si acaso no son criminalizadas y/o denigradas también, las presentamos como seres derrotados, perdedores que, ni hablar, ya se chingaron, y no como personas cuyos derechos fueron afectados, lo cual impone al Estado la obligación de conseguir, a través de la justicia, que tales derechos sean restablecidos de la mejor manera y lo más pronto posible.”