“«¡Bueno, es lo que hay, qué más quiere!», me reprochó una defensiva periodista de «sucesos» –como llaman aquí a lo que en México nombramos «nota roja»–, mientras alzaba la voz, agitando las manos exasperada. Su reacción obedeció a esta afirmación mía: «Los periodistas policiales y judiciales solemos ser ?bipolares?; desconfiamos de manera rotunda de las policías y fiscalías, pero las noticias que producimos se basan casi exclusivamente en sus informaciones».”