“Ahora aparece La rabia, el amor y la lucha contra el silencio. La versatilidad de ser un Lalo, que como dije, es un episodio más de esa larga y, por desgracia, interminable Historia de la Impunidad.
Cuando al día siguiente del asalto Luis Eduardo denunció a los agentes que lo robaron, cuentan sus padres en las primeras páginas, «El jefe de averiguaciones previas nos dijo que… tendría que enfrentarse a por lo menos 600 policías para identificar a los policías delincuentes. Decidimos no acudir a la etapa de identificación por temor a represalias…».”