Salí la mañana del jueves del céntrico Hotel Rochester, caminé por la calle Esmeralda, dos calles adelante viré a la derecha, en línea recta hacia el Centro Cultural Borges, sobre Viamonte. Era el tráfago habitual de la ciudad, a una hora en la que todo el mundo tiene que cumplir una rutina, ir hacia un destino sin poesía.
Yo daba largos pasos, abstraído en ideas para la conferencia sobre el periodismo policial y judicial que impartiría dentro de unos minutos en el Seminario Internacional «Desafíos de una política de seguridad para la democracia en Argentina», cuando tras el ruidoso paso de un camión carguero, cayó del cielo una paloma, en medio de la calle, sin que los conductores parecieran interesados en frenar o al menos esquivarla.